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«Por los ojos se pueden descubrir muchas enfermedades del cuerpo»

La clínica

Tras recibir el premio nacional Arruga, el Dr. Juan Cano fue entrevistado por la periodista Núria Mahamud. Hablaron del taxi de su padre, de por qué abrió la consulta en Sant Martí y de todo lo que un oftalmólogo ve en un ojo además del ojo.

Hay una frase de aquella entrevista que resume bien cómo entiende el Dr. Juan Cano su trabajo: «por los ojos se pueden descubrir muchas enfermedades del cuerpo, como la diabetes o una artritis». Recogemos aquí lo que contó, porque casi todo sigue vigente y explica bastante bien qué se hace en esta consulta.

De la facultad al Hospital La Fe

Quería ser médico desde pequeño. La oftalmología llegó después, estudiando Medicina, y para hacerla tuvo que salir de Barcelona: sacó el número 290 del MIR y aquel año solo había cien plazas en la ciudad. Se fue al Hospital La Fe de Valencia, donde conoció a su mujer y donde hizo la tesis doctoral a la vez que la residencia.

Aquella tesis investigaba nuevos fármacos contra la vitreorretinopatía proliferante, la causa de los desprendimientos de retina que reaparecen una y otra vez. Recibió el premio a la mejor tesis doctoral de todo el Departamento de Cirugía —no solo de oftalmología— y, cinco años después, otro a la mejor tesis del quinquenio.

El taxi de su padre

Pagó parte de la carrera trabajando los fines de semana con el taxi de su padre. Le preguntaron qué tienen en común un taxista y un médico y la respuesta define el tono de la casa:

«Los médicos somos como los taxistas: todo el día estamos hablando y escuchando».

Decía que el taxi es como un confesionario, que la gente te cuenta cosas que no le contaría a un amigo porque sabe que no te va a volver a ver. Y que con un paciente al que conoces pasa algo parecido: te sabe explicar lo que le ocurre.

Por qué Sant Martí y no el centro

Cuando volvió a Barcelona eligió Sant Martí para abrir la consulta. El motivo que dio fue sencillo: es un barrio con mucha población y, entonces, con poca oferta sanitaria. Y añadía algo que tiene más que ver con el oficio que con el mercado: aquí la gente lo conoce, y eso genera confianza. Así nació el Instituto de Cirugía Ocular Avanzada, la clínica ICOA.

El premio Arruga

El premio nacional Arruga se concede a oftalmólogos menores de 40 años y es difícil de conseguir. En la entrevista explicaba que es el único oftalmólogo en activo que lo tiene: pese a llevar el nombre de un oftalmólogo catalán, hacía años que no lo ganaba ningún catalán.

Lo que se ve en un ojo además del ojo

Es la parte más interesante de la entrevista y la que más gente desconoce. Contaba el caso de un paciente al que diagnosticó una diabetes en una simple revisión ocular: llevaba años sin hacerse análisis y ya tenía hemorragias en la retina, es decir, una diabetes ocular avanzada.

Y no es la única. Una inflamación ocular puede ser la primera señal de una artritis reumatoide, un lupus o una espondilitis anquilosante: enfermedades sistémicas cuya primera manifestación aparece dentro del ojo.

La explicación de por qué es elegante: los mismos capilares sanguíneos que hay en el ojo están en el riñón o en el hígado, pero ahí no se pueden mirar de forma rápida e incruenta. El ojo es la única parte del cuerpo donde se ve un vaso sanguíneo vivo sin abrir nada. Buena parte de su investigación ha ido justo por ahí: la relación entre las enfermedades sistémicas y la inflamación intraocular.

Cada cuánto hay que ir al oftalmólogo

Su recomendación era clara: una vez al año, y sobre todo a partir de los 35 o 40, que es cuando empiezan a aparecer problemas como el glaucoma.

Insistía en una distinción que conviene tener presente: quien diagnostica las enfermedades oculares es el oftalmólogo, no el óptico. En la óptica te miran las dioptrías, que no es lo mismo. La gente va a la óptica porque es cómodo y no se cobra la visita, solo las gafas.

Con los niños era aún más insistente. Un defecto óptico sin corregir —hipermetropía, miopía, astigmatismo— puede provocar un retraso visual, y el ojo vago, si no se trata antes de los siete años, es irreversible. De ahí que recomendara revisión anual hasta los 18.

Las gafas de sol no son un capricho

Le preguntaron por el dato de que menos de la mitad de la población usa gafas de sol. Decía que los jóvenes las llevan por moda y que los mayores a veces no se compran unas graduadas porque las ven como «otro gasto».

El argumento médico es de peso: mirar al sol sin protección puede causar una retinopatía solar, que deriva en una pérdida de visión irreversible, y adelanta la aparición de cataratas. Y conviene comprarlas en una óptica, porque unas malas gafas de sol hacen más daño que ninguna.

Casi veinte años después

La entrevista tiene ya unos cuantos años: hoy el Dr. Cano dedica la mayor parte de su actividad quirúrgica a la cirugía de catarata y refractiva, y la clínica está en C/ Bolívia 160. Pero el consejo que daba entonces no ha cambiado ni una coma: una revisión al año, y a los niños antes de los siete.

Entrevista realizada por la periodista Núria Mahamud y publicada en prensa local de Barcelona tras la concesión del premio nacional Arruga. Este texto es un resumen elaborado por Policlínica ICOA; los derechos del artículo original pertenecen a su autora y al medio que lo publicó.

¿Le resolvemos la duda en persona?

Estamos en C/ Bolívia 160, de lunes a viernes.

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